¿Tu niño pequeño no quiere dormir? Así lo conseguirás

Sarah Mann·17 min de lectura

Son las ocho de la tarde. Tu pequeño se frota los ojos, bosteza, se tropieza con sus propios pies del cansancio que lleva encima. Y aun así: no hay manera. En lugar de acurrucarse y dormirse, quiere seguir explorando el mundo, salta en la cama, pide agua por quinta vez (o llora desconsoladamente).

Y eso que un sueño bueno y adecuado a su edad juega un papel importantísimo en el desarrollo de un niño. Le ayuda a relajarse y a recargar energía para el día siguiente. La falta de sueño, en cambio, puede dar lugar a niños inquietos, irritables y con dificultades para concentrarse.

En este artículo descubrirás por qué tu niño pequeño no quiere dormir y qué puedes hacer para que tu pequeño (¡y tú misma!) empecéis el día siguiente descansados y llenos de ganas de vivir.

1. ¡Mi niño pequeño no quiere dormir! ¿Por qué?

Hay varios motivos posibles por los que los niños pequeños se resisten a dormir.

Las impresiones del día

Los niños pequeños aprenden una cantidad increíble de cosas cada día y, con ello, reciben muchísimas impresiones que necesitan procesar. Sobre todo después de un día agotador y emocionante, como el primer día en la guardería, puede resultarle muy difícil relajarse y respetar sus fases de calma. La sobreestimulación es sencillamente demasiado grande.

En esos casos es completamente normal que tu hijo no duerma bien. Necesita tiempo y tranquilidad para procesar todas las vivencias nuevas.

Cuida también de no llevarle a la cama cuando ya está con exceso de cansancio. Eso es contraproducente y es uno de los motivos más habituales de un sueño inquieto.

Falta de rutina

Uno de los motivos más frecuentes por los que los niños pequeños no duermen bien o tienen dificultades para dormirse es la falta de rutina.

Una rutina de acostarse constante no solo tiene la ventaja de dar a tu hijo muchísima seguridad y hacer que todo el proceso de irse a la cama sea mucho más bonito. También favorece la liberación natural de melatonina en el cuerpo de tu hijo. Esta hormona ayuda a tu tesoro a calmarse y a deslizarse tranquilamente hacia el sueño.

(Es una señal preciosa de que nuestro cuerpo está hecho de tal manera que pide rutinas y funciona mejor con ellas.)

Móvil, tablet y compañía

Uno de los mayores enemigos del cansancio en nuestros días son la televisión, las tablets y las pantallas en general.

La luz azul de las pantallas reduce la liberación de melatonina, la hormona del sueño, de modo que el cuerpo tarda mucho más en tener sueño. ¡El resultado son problemas para dormirse y para mantenerse dormido!

En mi opinión, los niños menores de dos años no deberían usar pantallas de forma habitual bajo ningún concepto.

Y en general, a cualquier persona le viene bien apartar todos los aparatos electrónicos una o dos horas antes de irse a dormir.

La alimentación

La comida también puede hacer que a los niños pequeños les cueste conciliar el sueño.

La comida o la bebida dulces (azúcar, edulcorantes) alteran a los niños y conviene evitarlas por la tarde.

Del mismo modo, las comidas pesadas pueden dificultar que se duerman.

Malestar físico

Por supuesto, el dolor o el malestar general también pueden ser el detonante de un mal sueño. La dentición, la fiebre, los saltos del desarrollo o una regresión del sueño (la de los 15 meses, la de los 18 meses y la de los 2 años) entran todos en juego.

Merece la pena tener todo esto en el radar y reaccionar en consecuencia.

2. Mi niño pequeño no duerme: ¿cuánto sueño necesita un niño pequeño?

Si a tu pequeño le cuesta muchísimo dormirse o se despierta a menudo por la noche, puede que su necesidad de sueño o su hora de acostarse no estén bien ajustadas a él.

Cada niño es diferente y tiene su propia necesidad de sueño, pero en general puede decirse que los niños pequeños de 1 a 3 años necesitan unas 12 a 14 horas de sueño al día. De ellas, al menos 10 deberían ser de descanso nocturno.

Los niños pequeños necesitan dormir mucho para desarrollarse y crecer de forma óptima. Cuando no duermen lo suficiente, pueden estar cansados, desequilibrados e irritables. Además, pueden aparecer dificultades de concentración y problemas de aprendizaje.

Y también por la noche los efectos de dormir poco o de acostarse demasiado tarde se notan en forma de un sueño inquieto.

La hora óptima para acostar a un niño pequeño suele estar entre las 19 h y las 20 h. Para que duerman lo suficiente y no lleguen al exceso de cansancio, no deberían irse a la cama demasiado tarde.

Cuando tu hijo abandone su segunda siesta, adelanta la hora de acostarse.

3. ¿Tu niño pequeño no consigue dormirse? Empieza una rutina

Como ya he comentado, los rituales y las rutinas son la clave de todo en el proceso de dormirse de los niños. Si quieres hacer algo para ayudar a tu pequeño a conciliar el sueño y todavía no tenéis una rutina de acostarse constante, es justo por ahí por donde deberíais empezar.

niño pequeño no quiere dormir — ¿Tu niño pequeño no quiere dormir? Así lo conseguirás

Esta es una de las mejores estrategias para ayudar a los niños pequeños a dormirse.

Procura que tu hijo no ande alborotando justo antes de dormir, sino que vaya calmándose con pequeños elementos que introduzcas cada noche.

Cada niño tiene, por supuesto, sus propias preferencias y responde a cosas distintas.

(Nuestra rutina consiste en mucha cercanía y en contar cuentos, y nuestra hija de año y medio ya la adora. Se va integrando cada vez más en el ritmo de sus hermanos mayores, y a ella también le ayuda a ponerse en modo dormir.)

Para que esto funcione es importante que los niños tengan la oportunidad de jugar y desfogarse en algún momento del día.

Elementos para una rutina de acostarse pueden ser: leer, hacer mimos, un masaje, cantar canciones tranquilas, integrar los peluches en el proceso, hablar sobre cómo ha ido el día, y un largo etcétera.

Además, cuida mucho de que la hora de acostarse de tu pequeño sea la misma cada noche. Esto ayuda a su cuerpo a acostumbrarse y a prepararse para dormir.

4. ¿Tu niño pequeño no se duerme? Revisa el ambiente

Para que tu pequeño pueda dormir bien, conviene cuidar un buen ambiente de sueño.

Asegúrate de que la habitación no esté ni demasiado caliente ni demasiado fría. Una temperatura entre 16 y 20 grados es ideal para un buen sueño. Cuida también de que la habitación esté oscura y silenciosa. La oscuridad favorece el buen sueño y ayuda a tu pequeño a relajarse.

Antes de acostarle conviene además airear el dormitorio. Lo mejor es ventilar la habitación justo antes de meterle en la cama.

Cuida también de que no haya juguetes en la cama. Los peluches, en cambio, pueden ayudar, porque le dan seguridad a tu hijo.

5. ¿Qué más puedo hacer si mi niño pequeño no quiere dormir?

Aprender a dormirse solo

La ansiedad por separación y la costumbre son causas frecuentes de que a los niños pequeños les cueste dormirse sin mamá o papá. Al mismo tiempo, es importante que los niños aprendan a dormirse solos en su cama.

¿Por qué?

El sueño nocturno se compone de distintas fases. Entre esas fases, todos nos despertamos brevemente (también los adultos), comprobamos la situación casi siempre de forma inconsciente y seguimos durmiendo.

Pero si un niño está acostumbrado a contar con ciertas ayudas para dormirse (por ejemplo, estar en brazos o que le acaricien), va a querer tenerlas también en esos despertares breves para poder seguir durmiendo.

Así que si tu pequeño ha aprendido a dormirse solo, puede usar esa misma capacidad durante la noche para seguir durmiendo solo.

Para practicarlo existen distintos métodos. Para los niños pequeños recomiendo sobre todo el método de la silla. Consiste en sentarse al lado mientras tu hijo se duerme y acompañarle con palabras o con contacto físico. A lo largo de los días siguientes vas retirando poco a poco esas ayudas y alejando cada vez más de la cama la silla en la que te sientas.

Es decir, practicáis en pasos pequeños que tu hijo se separe de sus padres a la hora de dormirse, para poder hacer ese camino solo.

(Este planteamiento es, por cierto, de lo más habitual: a lo largo del crecimiento vamos acompañando a nuestros hijos en distintos retos. Quedarse solo en la guardería, dormir en casa de los abuelos, ir al colegio, y así sucesivamente.)

Hablar con calma

Las palabras pueden tener un efecto muy tranquilizador en el proceso de dormirse y de seguir durmiendo.

Nosotros nos hemos acostumbrado a cerrar la rutina de acostarse con las mismas frases, y a usarlas también por la noche para favorecer que sigan durmiendo («¡Que duermas bien! Mamá está aquí y te quiere. Sigue durmiendo tranquilo.»).

Palabras así tienen un efecto muy calmante en los niños. Sobre todo cuando están acostumbrados a ellas y las asocian con algo concreto (ahora es hora de dormir).

Música

Muchas veces, a nuestros hijos también les ha ayudado la música tranquila para dormirse mejor. No a todos los niños les gusta, pero a veces les distrae y les calma.

Constancia y buena preparación

En algún momento, los niños pequeños descubren su propia voluntad. Y eso puede significar que llevarles a dormir se vuelva un escalón más difícil.

A menudo tienes la sensación de que los peques te están toreando y de que sencillamente no quieren irse a la cama. Pero con algo de constancia y una buena preparación se puede compensar.

Lo primero de todo es pensar de antemano exactamente cómo quieres que sea el proceso de irse a la cama. ¿Cuándo empieza? ¿Qué rituales hay antes de dormir?

Estas rutinas no deberían ser demasiado largas y no pueden dar pie a grandes discusiones. Además, deberían suceder cada noche a la misma hora. Así los peques se acostumbran al ritmo y saben exactamente qué toca ahora.

También es importante que pienses antes en qué puntos puede decidir tu hijo y en cuáles no. Puede ser, por ejemplo, que tu hijo pueda decidir si quiere escuchar otro cuento o cantar una canción, ¡pero no si se queda despierto hasta tarde o si directamente no se va a la cama!

En general conviene tener presente que queremos enseñar a nuestro hijo a tomar decisiones. Así que si le dejas algunas opciones a lo largo de la rutina de acostarse, la cosa se relaja muchísimo y le ayuda en su desarrollo.

Otros ejemplos podrían ser:

  • Hay dos sacos de dormir. Tu hijo elige cuál se pone. (Pero no si se pone uno.)
  • Hay dos cepillos de dientes o dos pastas. Elige cuál usa. (Pero no si hoy se lava los dientes.)
  • Elige si va al dormitorio en brazos o a caballito. (Pero no si ya es hora de ir al dormitorio.)

Según nuestra experiencia, estas mini-decisiones compartidas traen una gran calma al día a día con niños (y no solo a la hora de acostarse).

Cuida la duración de la siesta

Las ventanas de vigilia entre los momentos de sueño no deberían ser ni demasiado largas ni demasiado cortas. Para los niños pequeños con 2 siestas al día son adecuadas de 3 a 4 horas. Si tu hijo ya solo duerme una vez al día, cuida de que las dos ventanas de vigilia estén entre 4 y 5,5 horas (la de antes del sueño nocturno, algo más larga).

Así tu hijo llegará por la tarde con el nivel de sueño justo, y no con exceso de cansancio.

6. ¡Mi niño pequeño se despierta constantemente por la noche! ¡No puedo más!

Cuando los niños no duermen como esperábamos, puede acabar con los nervios de cualquiera. Y si no pasa solo un par de veces, sino de forma habitual, la falta de sueño es la consecuencia lógica y agotadora.

Pero ¿entonces qué?

Aquí tienes algunos consejos para salvar el día después de una mala noche:

La siesta relámpago

En el día a día con un niño pequeño suele ser difícil recuperar mucho sueño o echarse una siesta larga. Lo que sí resulta mucho más practicable, y además funciona de verdad, son las siestas relámpago (15 minutos de sueño corto).

Aire fresco

Ya solo ventilar bien la casa suele tener un efecto maravilloso. Pero si encaja en tu día, el paseo al aire libre merece todavía mucho más la pena. No solo aporta movimiento y energía nueva. A nuestros hijos también les sienta de maravilla.

Ayuda de fuera

Cuando es posible, es algo increíblemente valioso. Alguien que salga a pasear con tu hijo, que pase la aspiradora por casa o que te traiga algo de comer... ¡es de una ayuda enorme!

Y no tengas mala conciencia. La gente ayuda con gusto (y muchas veces se alegra de recibir propuestas concretas sobre cómo apoyar).

Acostarte antes

Si es posible, dale máxima prioridad a acostarte pronto. Aunque otras cosas se queden por el camino, es la mejor manera de conseguir un sueño bueno y valioso.

Repartir la noche

No siempre es factible, pero cuando lo es puede suponer un gran alivio que mamá y papá se repartan la noche. Quién mira al niño y cuándo, y a quién le toca dormir.

Papá, por cierto, también puede ayudar mucho en otros momentos. Por ejemplo, llevándole a la cama.

Date un respiro

A veces sencillamente hace falta desconectar y encontrar algo de calma. Justo en esas fases de falta de sueño y en las épocas en las que tienes que estar tantísimo para tu hijo. En esos momentos sienta muy bien tomarse tranquilamente una taza de té, darse un baño caliente o dedicarse a cualquier otra forma de relajación que hace mucho que no te permites.

Es importante y, si hace falta, conviene reservarle un hueco en la agenda.

Ayuda a tu hijo a dormir mejor

No siempre es posible (por ejemplo, cuando el peque está enfermo o atravesando una regresión del sueño). Pero para mejorar vuestra situación tiene todo el sentido del mundo trabajar el sueño de tu hijo.

Existen caminos preciosos para ayudar a tu hijo a dormir mejor, siempre desde la cercanía y acompañándole en cada paso.

7. Preguntas frecuentes

Mi niño pequeño no duerme toda la noche, ¿cuándo cambia esto?

Vamos a mirar los estudios para tener respuestas concretas a esta pregunta.

Un amplio estudio realizado en el Reino Unido con casi once mil participantes descubrió lo siguiente:

  • Más de 1/3 de los bebés siguen despertándose con regularidad por la noche a los 12 meses.
  • Casi 1/4 de los niños de 2 años todavía no duerme toda la noche.
  • El 16% de los niños mayores siguen siendo pequeños búhos nocturnos y continúan despertándose con regularidad.

¿Qué significa esto en concreto?

Casi el 33% de los niños todavía no duerme toda la noche al año de vida (algo bastante normal a esa edad).

Pero ahora, atención:

¡Alrededor del 25% de los niños sigue sin dormir toda la noche a los dos años!

Como ves, la diferencia es llamativamente pequeña: de un 33% a un 25%, ¡solo un 8% menos!

Dicho claramente: unos 3 de cada 4 niños que al año no duermen toda la noche tampoco lo hacen a los 2 años.

(Y ni siquiera está claro si el 25% restante dio ese paso por sí mismo.)

Sigamos: más del 60% (!) de los niños de dos años que todavía no han aprendido a dormir toda la noche arrastran sus problemas de sueño hasta la edad preescolar.

(La tasa de los que duermen toda la noche solo baja de un 25% a un 16%, así que el 64% de los niños de 2 años mantuvo sus patrones de sueño fragmentado a largo plazo.)

Un ejemplo concreto

Para entender un poco mejor tantos números, vamos a ver un pequeño caso práctico.

Imaginemos a Marta (una persona inventada). Marta tiene sus queridos problemas de sueño con su pequeño Bruno, de 1 año. Ella confía en que estos problemas se resuelvan solos en los próximos 12 meses.

Pero el estudio muestra que eso, en un 75% (!) de los casos, no va a pasar.

¡Como mínimo!

La probabilidad podría ser incluso mayor, porque Marta quiere que Bruno aprenda a dormir bien «por sí solo». En el estudio, eso no era un requisito: seguramente muchas familias probaron cosas activamente para pertenecer a ese otro 25%.

Y Marta tiene que estar atenta. Porque con al menos un 45% de probabilidad (75% por 60%), Bruno pertenece también al grupo de los que siguen teniendo problemas de sueño en edad preescolar.

¿Qué aprendemos de esto?

Aunque los problemas de sueño disminuyen con la edad, a partir de los 12 meses vale especialmente esto: en muchísimos casos estamos hablando realmente de ¡años sin dormir toda la noche!

Así que: si tu bebé, a partir de los 10 o 12 meses (cuando las tomas nocturnas ya no son necesarias en teoría; y pongo ese límite de forma muy suave y tardía en comparación con los principales expertos en sueño y pediatras de todo el mundo), sigue durmiendo mal, es muy probable que los problemas de sueño os acompañen todavía bastantes meses o incluso años.

Porque a partir del primer año de vida los problemas de sueño rara vez se resuelven solos, o lo hacen muy despacio.

En ese sentido, es estupendo que hayas llegado a esta página y estés buscando soluciones. Solo puedo animarte, por experiencia propia, a intentar activamente mejorar vuestra situación de sueño.

¿Mi niño pequeño llora al dormirse? ¿Hay motivo de preocupación?

Aquí conviene comprobar en primer lugar las molestias físicas. ¿Está enfermo tu hijo? ¿Se ha caído en algún momento del día? ¿Tiene alguna contractura? ¿Le están saliendo dientes nuevos?

Si puedes descartar todo eso, revisa también otros aspectos de su bienestar: pañal lleno, hambre, sed, demasiado frío o demasiado calor. También los estirones o una regresión pueden ser el motivo.

Y si tampoco viene de ahí, es muy probable que tu tesoro esté luchando contra el exceso de cansancio (se acuesta demasiado tarde), contra la sobreestimulación (muchas impresiones del día, pocas fases de calma) o que tenga ansiedad por separación (no quiere estar solo, todavía no ha aprendido a dormirse solo).

→ Mira también: ¿Tu bebé llora antes de dormir? Así puedes ayudarle ahora

Mi hijo de 2,5 años se despierta gritando por la noche, ¿qué hago?

Si tu hijo se despierta gritando por la noche y no hay manera de calmarle, es muy posible que se trate de lo que se conoce como terror nocturno.

Puede asustar bastante, porque el grito suena muy angustiado. Aun así, en general puedes estar tranquila, porque es algo inofensivo. Tampoco tiene nada que ver con las pesadillas.

Como madre o padre, más allá de hablarle con cariño y acariciarle, la mayoría de las veces no puedes hacer mucho más que esperar a que pase.

Pero quizá también haya tenido un mal sueño o esté recordando vivencias del día que no fueron tan bonitas.

En ese caso, intenta consolar a tu hijo y decirle que todo está bien. Abrázale fuerte y acarícialo con suavidad hasta que se calme. Si es posible, quédate con él hasta que se vuelva a dormir.

En la mayoría de los casos, los niños solo se despiertan de vez en cuando por pesadillas o miedos. Pero si esto ocurre con más frecuencia o tu hijo parece extremadamente asustado, conviene consultar con el pediatra.

→ Para más motivos de despertares nocturnos con llanto, mira también: Mi bebé se despierta gritando: 15 motivos y soluciones

¿Y ahora qué?

Espero que los consejos que te he dado te ayuden a entender mejor por qué tu niño pequeño no quiere dormir y qué puedes hacer para mejorar la situación. Es importante ponerse en marcha y ayudar a tu pequeño a dormir mejor. Puede ser un reto, pero sé que lo vas a conseguir.

Con cariño, Sarah

Con cariño, Sarah

Sobre la autora

Sarah Mann

Mamá de siete. Consultora certificada de sueño sensible del ISSC Australia. Fundadora de Noches Serenas Bebé. Escribe desde hace diez años sobre sueño infantil con apego, porque a ella le costó años encontrar su propio camino.

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