Un día intenso llega a su fin. Estás agotada y esperas que tu bebé se duerma pronto. Pero, en lugar de eso, no hay manera de consolarlo: llora, no quiere dormir y parece completamente desbordado. Solo después de casi una hora (y de muchos intentos por calmarlo) tu pequeño tesoro cae por fin en un sueño inquieto.
¿A tu bebé también le pasa a menudo que parece sobreestimulado y le cuesta mucho encontrar la calma?
En este artículo quiero mostrarte qué provoca la sobreestimulación, cómo puedes evitarla y cómo calmar a un bebé sobreestimulado.
¿Qué es la sobreestimulación?
La sobreestimulación, también conocida como sobrecarga sensorial, se produce cuando un bebé o un niño pequeño recibe más estímulos de su entorno de los que es capaz de procesar.
En este sentido, el cerebro de un bebé todavía no es tan capaz como el de un adulto. Aún no sabe filtrar bien los estímulos y tiene que aprender poco a poco a ordenar y procesar la información.
Por eso los bebés, sobre todo en los primeros meses de vida, son especialmente vulnerables a la sobreestimulación debido a su sistema nervioso tan sensible. Pero el carácter del niño también influye mucho. (Algunos niños son más sensibles que otros.)
¿Cómo sé si mi bebé está sobreestimulado?
Los bebés muestran de formas muy distintas que están sobreestimulados (casi siempre es una combinación de varias señales):
El bebé llora más fuerte y con más intensidad de lo habitual. A menudo parece inconsolable y cuesta mucho calmarlo.
El bebé aparta la mirada o gira la cabeza cuando intentas calmarlo. También puede rechazar el contacto y, aun así, querer que lo tengas en brazos.
El bebé bosteza mucho, se frota los ojos y parece muy cansado en general, aunque le cuesta mucho dormirse.
Cierra los puños, patalea y agita los brazos de forma nerviosa y se le ve tenso en general. A veces sus movimientos parecen bruscos o descontrolados.
Aparece una especie de hipersensibilidad. Ruidos o caricias normales pueden molestarle de repente.
Puede que el bebé intente calmarse por sí mismo y por eso se chupe las manos o los dedos. O que se tape la cara con las manos.
Aparecen cambios de humor: pasa de reír a llorar en muy poco tiempo.
Algunos bebés, cuando están sobreestimulados, quieren estar en brazos todo el tiempo.
Diferencias en bebés mayores y niños pequeños
Los bebés mayores y los niños pequeños suelen mostrar señales algo diferentes de sobreestimulación:
Los niños pequeños pueden tirarse al suelo, gritar y tener una rabieta cuando están sobreestimulados.
Un niño sobreestimulado puede volverse agresivo, ser antipático con los demás o mostrarse llamativamente hiperactivo.
El niño puede parecer triste de repente sin saber explicar por qué. También puede negarse a colaborar y resistirse a todo lo que se le pide.
Las señales de sobreestimulación varían según la edad y el temperamento del niño, pero siempre indican que su sistema nervioso está desbordado y que necesita ayuda para volver a la calma.
¿Qué causa la sobreestimulación en los bebés?
El desbordamiento del sistema nervioso puede deberse a distintos factores externos e internos.
Factores externos
Los ruidos fuertes, los entornos con mucho movimiento y mucha gente pueden desbordar a un bebé o a un niño pequeño. Sobre todo lugares como centros comerciales, restaurantes o reuniones familiares, donde le llegan muchos estímulos a la vez, pueden provocar sobreestimulación.
Los colores intensos, las luces parpadeantes o muchas impresiones visuales a la vez, como las que generan la televisión, las tablets o los móviles, pueden resultar muy agotadores para los bebés. También el ruido de fondo constante de la televisión o la radio puede acabar sobreestimulando a algunos bebés.
Los cambios de entorno frecuentes, por ejemplo en excursiones o visitas, pueden hacer que el bebé no se sienta seguro y protegido. Esa inseguridad puede desencadenar la sobreestimulación.
Un día repleto de actividades puede desbordar rápidamente a un bebé. Necesita pausas suficientes para procesar todo lo que ha vivido.
Demasiadas visitas o caras nuevas, reuniones familiares o celebraciones largas, o tener que estar siempre «entreteniendo» al bebé, puede ser demasiado para muchos bebés.
La falta de rutina en las comidas y en las horas de sueño puede llevar a muchos bebés a la sobreestimulación.
Factores internos
Los factores internos también pueden ser decisivos:
Un bebé sobrecansado es especialmente propenso a la sobreestimulación. Si un bebé se salta sus horas de sueño o duerme de forma irregular, su sistema nervioso puede saturarse muy rápido.
Durante la dentición, los bebés suelen estar más irritables y más sensibles a los estímulos externos. Esa carga añadida puede limitar mucho su capacidad para procesar otras impresiones sensoriales.
Los bebés son animales de costumbres, y cualquier alteración de su rutina habitual, como un cambio en el ritmo de sueño o de las tomas, puede desbordarlos con facilidad.
Factores del desarrollo
Y, por último, la sobreestimulación también puede tener que ver con el desarrollo:
Los picos de crecimiento pueden provocar más sensibilidad e inquietud.
Aprender nuevas habilidades motoras o cognitivas puede ser agotador y llevar a la sobreestimulación.
En general, la sobreestimulación surge de una combinación de estos factores. Ten en cuenta, además, que cada bebé es distinto. Lo que para un bebé es demasiado, para otro puede estar perfectamente bien.
Así que observa cuáles son los desencadenantes concretos en tu hijo e intenta reaccionar en consecuencia.
¿Qué consecuencias tiene la sobreestimulación en los bebés?
Claro que a veces un bebé acaba sobreestimulado después de un día intenso. Esos momentos son normales. Pero no deberían convertirse en la norma, porque las consecuencias de la sobreestimulación pueden ir lejos. Pueden verse afectados tanto el bienestar emocional como el desarrollo de tu bebé:
Problemas de sueño
A un bebé sobreestimulado a menudo le cuesta dormirse. El motivo es el cortisol, la hormona del estrés. La sobreestimulación hace que el cuerpo lo libere, y eso les pone muy difícil a los pequeños encontrar la calma.
E incluso después de dormirse, los efectos pueden notarse durante toda la noche. Despertarse más a menudo y que le cueste volver a dormirse son consecuencias habituales.
Cambios de comportamiento
Los bebés sobreestimulados muestran con frecuencia cambios claros en su comportamiento, como llanto intenso, más irritabilidad e inquietud.
Autorregulación emocional
La sobreestimulación frecuente puede afectar a la capacidad del bebé para regular sus propias emociones.
(¡Esa dificultad para calmarse puede incluso prolongarse hasta la primera infancia y más allá!)
Retrasos en el desarrollo
Si los bebés y los niños pequeños no tienen fases de descanso para procesar los estímulos del día, a la larga pueden aparecer problemas de atención y de aprendizaje.
¿Por qué?
Porque una sobreestimulación constante puede afectar a la capacidad de concentración del niño y, con ello, dar lugar a problemas de aprendizaje y de desarrollo.
Así que la sobreestimulación no solo influye de forma inmediata en el bienestar del bebé, sino que también puede tener efectos a largo plazo en su desarrollo emocional y social.
Por eso es fundamental que, como padres, reconozcáis pronto las señales de sobreestimulación y toméis medidas para proteger a vuestro hijo de la sobrecarga.
¿Cómo prevenir la sobreestimulación en los bebés?
Ya conocemos las causas y las consecuencias de un exceso de estímulos para nuestros pequeños tesoros. Ahora la pregunta más importante es cómo podemos evitar la sobreestimulación en los bebés, o al menos reducir las probabilidades de que aparezca.
Aquí tienes algunos consejos:
1. Rutinas y pausas de descanso
Crea una estructura fija en el día a día, con horarios regulares de sueño y de comidas. Por cierto, eso no solo ayuda a tu bebé a sentirse seguro y protegido, sino que además favorece mucho su sueño. Y esa rutina reduce también la probabilidad de que tu hijo se vea desbordado por estímulos desconocidos o inesperados.
Además, conviene que planifiques una y otra vez pausas de descanso entre actividades y salidas. Esas pausas le dan a tu bebé la oportunidad de procesar lo vivido y recuperarse. (Por ejemplo, después de una visita al parque puede venir un rato tranquilo en casa.)
2. Cuidar el entorno
Ayuda mucho crear un entorno con pocos estímulos visuales y auditivos.
Para dormir, utiliza si es posible una habitación oscurecida con luz tenue.
3. Organizar el día
Si notas que tu hijo es sensible a los estímulos, es recomendable no llenar el día de planes y salidas. Reduce las actividades al mínimo, porque para evitar la sobreestimulación menos suele ser más.
En cualquier caso, es muy importante evitar por completo las pantallas, como la televisión, las tablets y los móviles, en bebés menores de 18 meses. Pueden saturar su sistema nervioso.
4. Dosificar los estímulos de forma consciente
Si tu bebé es sensible a los estímulos y llega a un entorno nuevo, dale tiempo para que se acostumbre poco a poco. Puedes conseguirlo con estancias cortas y dejando que vaya conociendo el lugar paso a paso.
Y no os comparéis con los demás. Cada bebé es distinto, ¡y eso está bien! Algunos bebés son por naturaleza más sensibles a los estímulos. ¡Esa sensibilidad también es una fortaleza!
5. Una hora de dormir tranquila
Los rituales regulares, como cantarle bajito o contarle algo antes de dormir, o simplemente mecerlo con suavidad, pueden ayudar a tu bebé a encontrar la calma más fácilmente por la noche. Eso sí, asegúrate de que todavía no esté sobrecansado, para que no se complique aún más.
Es importante que tu bebé empiece a calmarse con bastante antelación antes de irse a dormir, para que pueda procesar los estímulos del día.
¿Cómo calmar a un bebé sobreestimulado?
Vale, ¡plan de emergencia! Hace falta uno para cuando tu pequeño está de verdad sobreestimulado.
Para calmarlo y ayudarle a relajarse hacen falta medidas sensibles y bien pensadas:
El primer paso es sacar al bebé del entorno que lo sobreestimula. Una habitación tranquila y a media luz es ideal para darle la oportunidad de calmarse.
Apaga los ruidos que molestan, como la televisión o la música alta. En su lugar, una música suave y bajita o el ruido blanco pueden tener un efecto calmante sin sobreestimularlo todavía más.
A muchos bebés les tranquiliza que sus padres los mezan con suavidad en brazos. Un fular o una mochila portabebés también pueden ayudar.
El contacto piel con piel puede hacer maravillas para calmar a un bebé sobreestimulado. Acariciarle la piel, darle un masaje suave o simplemente tenerlo sobre el pecho desnudo de mamá o papá puede ayudar a calmar su sistema nervioso. Mientras tanto, háblale o cántale con una voz baja y tranquilizadora.
Otros bebés, en cambio, reaccionan con sensibilidad al contacto, sobre todo durante el llamado «período del llanto PURPLE», la etapa de llanto intenso entre las dos semanas y los cuatro meses en la que los bebés suelen ser especialmente sensibles. Si tu bebé rechaza el contacto, puede ayudar dejarlo en una cuna segura y quedarte cerca, sin tocarlo directamente.
Pero, sobre todo, tú deberías mantener la calma y la paciencia cuando tu bebé está sobreestimulado. Puede tardar un rato en calmarse, y no lo hace a propósito. Y cuanto más tranquila estés tú, antes conseguirá él encontrar la calma.
Reflexión final: encontrar la calma, para los dos
Espero que este artículo te ayude a entender mejor las necesidades de tu bebé y a encontrar maneras de evitar la sobreestimulación. Si notas que tu bebé necesita calma, no tengas miedo de cambiar los planes con flexibilidad; al fin y al cabo, se trata de lo que le sienta bien a tu hijo.
Recuerda que cada niño es distinto y necesita su propio equilibrio. Confía en que tú eres quien mejor conoce a tu hijo. Y no te olvides de cuidarte a ti también. Los pequeños momentos de descanso para ti te dan la energía para volver a estar ahí para tu bebé con ganas e ilusión.
Con cariño,
Sarah
Con cariño, Sarah
Sobre la autora
Sarah Mann
Mamá de siete. Consultora certificada de sueño sensible del ISSC Australia. Fundadora de Noches Serenas Bebé. Escribe desde hace diez años sobre sueño infantil con apego, porque a ella le costó años encontrar su propio camino.
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